lunes, 21 de mayo de 2018

Crisis asmáticas y tormentas #Asma #Clima

Era una guardia de mediados de mayo que acontecía como cualquier otra guardia de 24 horas: un chorreo anárquico e interminable de pacientes sin ninguna agrupación por edades, patologías o tipo de urgencia. Es verdad que por la época del año que estábamos, durante las guardias anteriores habían aumentado las asistencias por crisis de asma alérgica, aunque no especialmente durante la que transcurría.
De repente se oscureció la tarde y comenzó a tronar y relampaguear mientras caía una abundante e intensa lluvia, la habitación de descanso se oscureció paulatinamente, nos asomamos a la puerta de urgencias y observamos como el color del cielo se tornó anaranjado y el aire parecía mefítico. 
Empezamos a hacer comentarios baladíes al respecto: "agua para mis melones", "ahora se van a limpiar bien los coches" el mio fue "la atmósfera va a quedar libre de pólenes para los alérgicos".
Pero en poco tiempo comenzaron a llegar pacientes a la vez, no había  acabado ninguna final deportiva, no había terminado ningún acontecimiento social en la zona, nada objetivable que hubiese retenido a esos pacientes a presentarse en urgencias como siempre. Vinieron a la vez de distintas edades y por los mismos síntomas: sensación de ahogo, dolor en el pecho, ruidos al respirar y tos, con antecedentes de rinoconjuntivitis alérgica, asma bronquial y también sin esos antecedentes, algunos siendo la primera vez que les ocurría. A la exploración: unos tenían coloración más o menos pálida, disneicos, nerviosos, uso de musculatura accesoria, completaban unos palabras y algunos frases, sibilancias inspiratorias y espiratorias, taquicardia y saturación de oxígeno que variaba entre 89% uno y sobre 92-96%, los demás.
Cuando recibí los primeros no me llamó mucho la atención, estábamos en mayo de una primavera florida, pero cuando llegaron más de 10 personas a la vez , de un único pueblo de los asignados, además de una prioridad 1 a domicilio por lo mismo, me pregunté qué podía haber ocurrido. Les pregunté a todos a qué lo achacaban y cuando comenzaron los síntomas intensos que traían, todos coincidieron y lo achacaron a la tormenta que caía. 
Agoté las dos tomas del centro para suministrar oxígeno, además los que componíamos la guardia tuvimos que improvisar y habilitar dos tomas más.
Cuando todo aquello terminó puse este twett, que levantó cierta expectación (más de 5000 impresiones). Las dudas se disiparon cuando me contestó Rafael Bravo (@rafabravo) con este enlace: "Thunderstorm asthma" y con este otro: "How Do Storms Affect Asthma?". También aportaron los alergólogos de Alergia y asma (@alergologos) con otro enlace: "Asma en el corazón de la tormenta"



"La principal hipótesis para explicarlo afirma que las tormentas eléctricas pueden acumular cerca del suelo un gran número de las partículas de polen que se encuentran en la atmósfera, y que éstas, al romperse por choque osmótico, liberarían muchas partículas alergénicas de tamaño respirable. Por eso, durante los primeros 20 a 30 minutos de una tormenta eléctrica, las personas que padecen alergia al polen pueden inhalar una cantidad elevada de material alergénico, que les condicionaría reacciones asmáticas, a menudo graves. Incluso se ha constatado que personas sin asma, pero que padecen rinitis por sensibilización a polen, también pueden sufrir un ataque de asma en estas circunstancias."
"Un mensaje clave es que todos los sujetos afectados por la alergia al polen deben ser alertados sobre el peligro de estar al aire libre durante una tormenta eléctrica en la temporada de polen, como tales, estos eventos pueden ser una causa importante de exacerbaciones severas de asma. A la luz de estas observaciones, es útil para predecir tormentas eléctricas y así minimizar los eventos relacionados con tormentas eléctricas. Los pacientes con alergia respiratoria inducida por pólenes y mohos necesitan ser informados sobre un enfoque terapéutico correcto del asma bronquial por inhalación, incluido el uso de broncodilatadores y corticosteroides inhalados."
"Pero no todas las tormentas eléctricas en las estaciones de polen causan asma con estas características. Las que lo provocan se conoce como tormenta eléctrica con eventos de asma epidémica. Siguen a un tipo particular de tormenta que expone a un gran número de personas a altas concentraciones de pequeñas partículas de alérgenos de granos de polen reventados, en un corto período de tiempoSiempre que sea posible, los pacientes deben evitar los alérgenos potenciales que flotan en los vientos de la tormenta que se aproxima, y deben permanecer dentro de su casa con las puertas y ventanas cerradas hasta que haya pasado la tormenta." 

jueves, 10 de mayo de 2018

Quizás tenga un síndrome de Estocolmo

¿Existe este síndrome en las situaciones actuales que se dan en Atención primaria? Os explicaré lo que me pasa:
Llevo, por decisión propia, treinta años en atención primaria la mayoría del tiempo atendiendo pacientes en un tramo horario como único médico, durante este tiempo no me he considerado que estuviera "quemado" (síndrome de burnout profesional) de forma habitual, aunque no niego que en algunos momentos de mi vida profesional lo he sentido en mis propias carnes, aunque lo he solucionado realizando actividades diversas, cambiando estas actividades e intentando hacer de mi trabajo una forma de diversión.
He aspirado a estar actualizado en mi desempeño profesional, he intentado trabajar dentro de los planes, estrategias y objetivos de mi empresa, sin perder nunca de vista el principal y primer empeño: la atención de los pacientes de forma empática, científica y profesional, dentro de mis posibilidades.
He velado por la salud de una cantidad ingente de pacientes, a veces más de 100 por día incluidos los avisos a domicilio y urgencias durante la jornada ordinaria, de lo cual me he quejado por diversas vías, por su puesto a través de las oficiales, aunque también en Twitter, o este otroen mi Blog, o esta otra sin embargo incluso en esas circunstancias he ansiado hacer bien mi trabajo.
Tras todos estos años, hace ya más de 100 días que me han reducido el número de pacientes, porque han integrado en el consultorio otro médico/a y enfermera/o más, así que ahora estoy ávido de atender pacientesllego a la consulta por la mañana y no me están esperando para abordarme los pacientes, atiendo menos de 40 pacientes por día, tengo muy pocos avisos a demanda domiciliarios, o sea me encuentro raro después de tantos años, he puesto hasta unos kilos, a pesar de seguir utilizando la bicicleta en el trabajo.
Hace pocos días me vi dando vueltas por las calles del pueblo buscando algún paciente al que visitar a domicilio que no hubiese visto ya esa semana, de los que me han dejado, a veces me veo diciéndole a pacientes de la sala de espera, que ya no están entre los asignados a mi cupo,que pasen a mi consulta, estoy haciendo clic con el ratón en inexplorados rincones de la historia digital que nunca había estado, incluso en las últimas semanas me veo realizando otras tareas, como cambio de ubicación de mobiliario, revisión de caducidades de medicamentos, limpieza de polvo de algunos enseres...
Tras estos trastornos he revisado diferentes manuales y he llegado a una conclusión: tengo un síndrome de Estocolmo, este síndrome es común en personas que han sido víctimas de algún tipo de abuso y desarrollan una relación de complicidad y un fuerte vínculo afectivo, con quien las ha dañado física y/o psicológicamente, éste comportamiento surge debido a la presión psicológica que tiene la persona al saberse aislado, abandonado, amenazado y quizás olvidado. Ha recibido también otros nombres como “Síndrome de identificación de supervivencia”
Nunca éste síndrome se ha caracterizado como un conjunto clínico de signos y síntomas bajo una misma entidad para considerarse una categoría psicopatológica con diagnóstico diferenciado, y que conste que me encuentro perfectamente: llego al trabajo sin el ansia de saber que me esperan 5 ó 6 pacientes a la vez con problemas más o menos urgentes para ellos, hablo con mis compañeros antes de comenzar a trabajar, hago todas las actividades para atender a los pacientes de forma correcta, pausada, sin estrés, más feliz en el trabajo, tengo tiempo la mayoría de días para otras actividades, incluso me estoy repasando algunos Procesos Asistenciales Integrados en horario laboral. Curiosamente me embarga un sentimiento de agradecimiento a quien ha decidido poner un nuevo equipo medica/o-enfermero/a en el consultorio donde trabajo.
Después de leer esto ¿creéis que realmente es posible que tenga un Síndrome de Estocolmo?





jueves, 3 de mayo de 2018

Vivir para envejecer

Nació antes de la guerra, tiempos duros en la campiña andaluza, fue un joven de los "tiempos de la hambre" como me cuenta, el espíritu de supervivencia le hacía competir con sus propios hermanos en la mesa por un corrusco de pan. 
Las enfermedades no lo trataron mal, no tuvo que consultar mucho al médico, aunque no había en el pueblo en aquellos entonces, tuvo que visitarlo en una ocasión en el pueblo de al lado por una herida producida en la pierna, cuando una rama de árbol se la atravesó, mientras cuidaba del rebaño de animales, de la que se recuperó totalmente.
Se casó y tuvo media docena de hijos, alguno de ellos quedó en el camino por "unas calenturas muy malas que le dieron cuando era un zagal", mientras me lo cuenta lo hace mirando al infinito, trasladándose a aquel momento en el tiempo con su memoria, el ceño fruncido y la voz pausada mientras me cuenta historias de otros tiempos.
Yo conocí al matrimonio hace 30 años ya mayores, su mujer tenía una salud frágil por unas tifoideas que la afectaron llegada a su madurez, la cuidó hasta que murió cuando estaba en el último lustro de los 70. El todavía permanecía joven a pesar de su avanzada edad y así lo reconocía el mismo, me decía "quiero seguir viviendo para hacerme viejo" rondando ya los 80 años, el único signo externo de su avanzada edad era la queratosis actínica que tenía por toda la cabeza debido a su fototipo y al sol de estos lares, a pesar de usar mascota cuando salía, y que se quitaba por respeto cuando entraba en la consulta. 
Y así lo hacía: comía saludablemente, no fumaba, se mantenía activo, era independiente de sus hijos, y hacía ejercicio cuando sacaba a correr a sus galgos, pero eso si procuraba no estar sólo, porque conocía y así manifestaba, que "la soledad era casi peor que la mala vida", por ello acudía a diferentes sitios para conocer a distintas parejas de su edad o más jóvenes que convivían con él un tiempo hasta que enfermaban, morían o simplemente lo dejaban. 
Tenía una forma de vida tranquila, era un hombre alto y delgado, le gustaban sus perros, de los que era un experto y conducía una pequeña moto con diferentes amuletos en el manillar, comía mucha verdura y frecuentemente masticaba una hoja de olivo y nunca tomaba Viagra® por decisión propia, a pesar de las múltiples parejas que le he conocido en estos últimos 20 años, pero eso si, siempre consultaba conmigo al mínimo signo de resfriado, porque como él decía "un resfriado mal curado te puede llevar a la muerte". 
Mi relación con él comenzó tras una asistencia de urgencia a su mujer, yo lo atendía poco, una de las primeras veces fue por una dislocación de hombro que sufrió cuando conducía dos galgos en una carrera. Me dijo en una ocasión que para llegar a viejo "era necesario tener al lado un buen médico al que poder consultar", por lo que me eligió como médico de cabecera, cosa que me llenó de orgullo, pero en el fondo tanto él como yo sabíamos que eso no influía mucho,  para llegar a cumplir los años que tenía. 
Una vez tuve que decidir si ponerle Sintrom® tras diagnosticarle una arritmia, y fue él realmente el que me hizo tomar la decisión correcta: primero me miraba a los ojos, luego cambiaba el destino de su mirada hacia el cielo mientras los cerraba, en ese momento comenzaba a contar una paradoja de su vida, que aclaraba la situación a dilucidar. Teníamos opiniones distintas en lo de los "resfriados mal curados" a lo que yo siempre le contestaba con un "eso ya es antiguo amigo" o en lo de la catarata del ojo, que el achacaba a un golpe que se dio en la zona periocular con una piedra al caerse de un burro hacía más de 50 años, de la que nunca se ha operado y cuando se lo sugiero contesta "para lo que hay que ver en este pueblo ya veo bastante"
Sus consultas eran precedidas por la retirada de la mascota de su cabeza, un apretón de manos y una amplia sonrisa. Esas consultas eran siempre para tomarme una segunda opinión, ya que según decía: "si había llegado a los 97 años con tan buena salud, era porque había tomado buenas decisiones en su vida con respecto a su cuerpo" yo lo escuchaba siempre como un alumno a su maestro. Al terminar de consultar "mi parecer" se despedía con un apretón de manos y un "hasta más ver" y una vez que traspasaba el umbral de la puerta se volvía a colocar su mascota.
¡No!, no ha muerto todavía, sigue viniendo a mi consulta, el día que muera, que lo hará, lo habrá hecho de viejo, porque ha vivido lo suficiente para envejecer.
Publicado en el Blog: Hablando de geriatría




Retrato de anciano
M.T. Aroz Ibañez

jueves, 26 de abril de 2018

Dilemas en #CuidadosPaliativos de familiares

Llegué esa tarde porque me avisaron mis hermanos que estaba peor, aunque ya había acudido otras veces por la misma causa, trascurrían ya más de siete meses desde que el golpe y sus complicaciones lo dejaron encamado. Desde entonces diferentes médicos habíamos pronosticado en distintas ocasiones que estaba en sus últimos días. Pero esta vez era diferente, habían tenido que llamar al médico de urgencias por crisis de necesidad en dos ocasiones sin dar tiempo a que yo recorriera los casi 100 Km. que nos separaban, cuando esto no había ocurrido anteriormente.
Me acerqué, lo rodeaban mi madre, sus nietos, algunos de mis hermanos, mi mujer y su cuidadora, respiraba con dificultad, estaban su cara y los dedos azulados y el rictus de sufrimiento a pesar que le habían puesto varios medicamentos para evitarlo, le cogí la mano y le pregunté al oído si necesitaba o quería decirnos algo, no contestó solo me miró.
Durante las  semanas previas se me habían planteado dudas (twittersobre cuidados paliativos en un familiar directo

  • ¿está en situación terminal?
  • ¿necesita sedación?
  • ¿Cuando debo hacerlo?
  • ¿Lo debo hacer yo?
  • En estos casos el enfermo y la familia se deben considerar en conjunto: ¿en qué lugar estoy yo?
  • ¿Cómo me comunico con mi familia? ¿como médico, como familiar?
  • La intención es lo que marca la diferencia entre una sedación o una eutanasia: ¿quiero disminuir la conciencia o quiero que esto acabe ya?.
  • ¿Tomaría las mismas decisiones y actuaría igual, ante la variación de síntomas si no fuera familiar directo?

Estas dudas me surgen a mí que soy un médico con 30 años de experiencia y múltiples y habituales intervenciones en cuidados paliativos y sedación de agonía, supongo que se las planteará también cualquier otro médico. Para resolverlas con cierta clarividencia, hay que tirar de profesionalidad y guías clínicas.
La agonía se define como el estado que precede a la muerte. La asistencia a la agonía es uno de los grandes retos de el personal sanitario, cuando esta asistencia se produce sobre un familiar directo el desafío es mayor.

La sedación paliativa en la agonía es un procedimiento que, tal como lo define la Organización Médica Colegial “se utiliza cuando el enfermo se encuentra en sus últimos días u horas de vida para aliviar un sufrimiento intenso”. 

Depende de la sensibilidad del médico y su atrevimiento el actuar conforme a las buenas prácticas médicas, esto se complica si al que tienes que aplicarlo es a un familiar: padres, hermanos, cónyuge, hijos.

La necesidad de disminuir la conciencia de un enfermo en las horas anteriores de su muerte ha sido y es objeto de controversia, en sus aspectos clínicos, éticos, legales y religiosos. 

El aspecto más importante a tener en cuenta, es determinar y reconocer que el paciente se está muriendo. Determinar criterios de terminalidad para aplicar bien los tratamientos paliativos es esencial tener unos criterios claros, como los de la SECPAL, estos criterios son:

  • Existencia de una enfermedad avanzada, progresiva e incurable.
  • Falta de posibilidades razonables de respuesta al tratamiento específico.
  • Aparición de numerosos problemas o síntomas intensos, múltiples, multifactoriales y cambiantes.
  • Pronóstico inferior a los 6 meses.
  • Gran impacto emocional en el paciente, familia, y equipo terapéutico, muy relacionado con la presencia, explícita o no, de la muerte.
La situación de terminalidad puede definirse por la presencia de 3 de estos 5 criterios
¿Cómo determinaremos el momento en que se acerca la muerte? Teniendo en cuenta:

  • Deterioro progresivo del estado general.
  • Pérdida del tono muscular.
  • Cambios de signos vitales: enlentecimiento de la circulación y problemas respiratorios.
  • Afectación del nivel de conciencia.
  • Dificultades para la ingesta.
  • Síntomas psicoemocionales: ansiedad, tristeza, miedo, agitación ...
¿Cómo reconocemos la agonía?. Signos clínicos de agonía (Escala de Menten y Hufkens):
  • Nariz fría o pálida
  • Extremidades frías
  • Livideces
  • Labios cianóticos
  • Estertores de agonía
  • Pausas de apnea más de 15 segundos
  • Anuria: menos de 300 cc por día
  • Somnolencia: más de 15 horas de sueño al día.
Si tenemos 4 o más de estos datos, estaríamos en una situación de agonía (90% fallecería en 4 días), si tenemos de 1 a 3 de estos datos estaríamos en una situación de preagonía.
Comuniqué la situación y el pronóstico a mi familia, le di un beso en la frente, administré por vía subcutánea el medicamento adecuado, pasaron unos minutos y le retiré el oxígeno, todos estábamos al lado de su cama, en su habitación, sabiendo con certeza lo que estaba ocurriendo. Abrió los ojos, nos miró y descansó.
Pasado ya un tiempo, me encuentro bien, no me asaltan dudas sobre su atención sanitaria en la agonía, al resto de mi familia creo que tampoco.

Los cuidados paliativos siguen sin llegar a la mayoría de ciudadanos por cuestiones puramente ideológicas, que impiden su desarrollo o por razones claramente geográficas. Esto debería estar resuelto o en vías de resolución en los tiempos que corren.
La retirada de medidas terapéuticas es una decisión compleja que se debe tomar de acuerdo con criterios de proporcionalidad y de responsabilidad.

La comunicación con la familia en los momentos cercanos a la muerte es algo que deberíamos mejorar mucho los que nos dedicamos a cuidar personas.

"Morir más pronto o más tarde no es la cuestión, morir bien o mal, ésta es la verdadera cuestión. Y así como no siempre es mejor la vida más larga, así resulta siempre peor la muerte que más se prolonga"
Epístolas Morales a Lucilio


                                                                         Óleo de Sir Lawrence Alma-Tadema
"Dr Washington Epps. My Doctor"

Biografía:
  • ASTUDILLO, W., MENDINUETA, Bases para afrontar los dilemas éticos al final del la vida. 2008, págs. 643-666 Texto Completo
  • Organización médica colegial/Sociedad Española de Cuidados Paliativos. Guía de Sedación Paliativa. OMC/SECPAL. 2012. Texto completo
  • Plan Andaluz de Cuidados Paliativos 2008-2012. Texto Completo
  • Arce García MC. Problemas éticos en cuidados paliativos. Aten Primaria. 2006;38 Supl 2:79-84.

jueves, 8 de febrero de 2018

Los poderes de los médicos

Hermenegilda era una señora diabética, con insuficiencia cardíaca y otros achaques debidos a sus 86 años, pero todavía sonreía y mantenía conversaciones adecuadas y coordinadas, a pesar de su perenne enfado por estar en una residencia para mayores asistida, y sus continuas intenciones de vivir sola en su casa como hasta que ingresó tras una fractura de cadera que le impedía seguir siendo una anciana autónoma en su casa; hoy día la catalogaríamos como un paciente crónico complejo.
Aquella noche Hermenegilda no se encontraba bien, estaba adormilada no podía hablar bien y respiraba con dificultad, sus cuidadores llamaron a los servicios de urgencia domiciliaria, el médico que la atendió había perdido sus poderes, quizás por el cansancio, quizás por las altas horas de la madrugada, a lo mejor estaba quemado por la forma en que su empresa lo trataba, se había dejado imbuir por otro tipo de valores, que le atenuaban el poder de la sanación.
Interrogó a los cuidadores escasamente y la exploró de forma parva, concluyendo y comunicando a la familia cercana y cuidadores que estaba en situación terminal y no había nada que hacer, sólo dejarla morir en paz.
Unas tres horas después volvieron a llamar, esta vez a su médico que comenzaba la jornada laboral, comunicándole el diagnóstico y pronóstico de Hermenegilda.
El médico que la atendió en esta ocasión conservaba los poderes que su título le concedía: hizo una correcta anamnesis y una exploración detallada, como consecuencia de ello hizo un diagnóstico correcto: Hipoglucemia severa, puso entonces en práctica el poder de la curación con un tratamiento adecuado y prolongó su vida unos años más.

A los médicos, la sociedad nos ha dado una serie de poderes, con los que somos capaces de tomar variadas decisiones que pueden afectar a los pacientes enfermos y a los sanos, de una forma total, hasta el punto que con nuestra autoridad somos capaces prolongar o acortar vidas.
El poder real del médico radica en la capacidad para curar, de decidir si una persona está o no enferma, de certificar si está capacitado para vivir en la sociedad de forma autónoma y eso se consigue sólo poniendo en práctica las aptitudes de nuestro arte sumándole además una actitud positiva en nuestro desempeño, esto quiere decir realizando correctamente nuestro trabajo sin dejarnos enmarañar por nebulosas adyacentes, que perturban la relación médico-paciente.

Foto de Eugene Smith/Life
Dr. Ernest Ceriani. Médico Rural. 1948

jueves, 4 de enero de 2018

Adiós paciente, ¡ADIÓS!

En estos días como consecuencia de el Plan para la Renovación de la Atención Primaria, han incorporado un nuevo médico y enfermera en mi pueblo, y no lo han hecho por el número de pacientes asignados sino por el sistema de clasificación de pacientes en atención primaria: Ajusted Clinical Groups (ACG®).

A mi me parece adecuada la anexión, porque probablemente mejore la atención sanitaria de este pueblo y seguro mejorará mí salud en particular, no me ha parecido bien como se ha hecho el reparto de pacientes, porque no le han consultado a estos, ni a mi como su médico, cosa que no he logrado entender, aunque por otro lado me alegro de no haber intervenido en la asignación, para no tener que dar explicaciones de los cambios.

Tengo una sensación agridulce, por un lado me siento contento porque creo que voy a tener más tiempo para dedicar a los pacientes que me han quedado (unos 600 menos) y por otro lado tengo un nudo en la garganta provocado por la tristeza de ver que han desaparecido de mi lista de pacientes/personas que llevan confiando en mi como médico 29 años, muchos de ellos mayores de 80 años a los que es difícil explicarles el motivo del cambio y quien lo ha decidido así, mientras le caen dos lágrimas por la contrariedad que les ha provocado el cambio.

Aunque si quiero decirle a esos pacientes que han cambiado lo siguiente:

Querido paciente:
Se que ahora te hayas inmerso en la incertidumbre de tener un nuevo médico, tú que no has tenido otro médico de cabecera en los últimos 29 años, que me has consultado la mayoría de tus problemas de salud, los de tus hijos, nietos, padres y abuelos, has confiado en mi para no enfermar, para lograr un diagnóstico, para sanar de tu enfermedad.
A ti que me has hecho crecer como médico, que hemos recorrido juntos los cambios sanitarios de los últimos años, la mejora sanitaria en tecnicismos pero el enfangamiento de las relaciones médico-paciente, el avance en los protocolos clínicos pero la rebaja de el tiempo de consultas, el progreso fantasma de la accesibilidad, el perfeccionamiento turbio de los fármacos, la aparición de los genéricos, principios activos y subastas de medicamentos, de los procesos asistenciales y programas de crónicos, de las citas bis, de los médicos jóvenes quemados, de los vecinos que saben todo de medicina, del doctor Google.
A ti, que te han cambiado de médico sin consultarte, probablemente un administrativo que no ha visitado el pueblo en más de dos ocasiones, que no te conoce ni sabe nada de tu vida, que no sabe de nuestra relación, a ti que dices que volverás a ser mi paciente aunque te cambien, a ti que te da igual el cambio, o que no te importa, o a ti que prefieres conocer un médico nuevo.
Tengo que decirte que todos los médicos somos prescindibles en nuestro sistema sanitario actual y que llegamos a ser en él casi invisibles,pero la relación con tu médico de cabecera en el transcurso del tiempo va más allá de una fría relación laboral o profesional, de una breve consulta sintomática, de un simple acto administrativo, de el escueto encuentro para una revisión por el diagnóstico de una enfermedad aguda, es una relación sagrada, honorífica, respetuosa, responsable para el médico y confiable, íntima y familiar para el paciente.
Ten calma y da tiempo a tu nuevo médico de cabecera, porque seguro que ganará tu empatía.
El nuevo médico que viene es un gran profesional, te atenderá como mereces, dependerá también de ti, de la confianza mutua, del respeto, trátalo igual que me has tratado a mí y todo irá bien en la mayoría de las ocasiones, te acostumbrarás a él igual que lo hiciste conmigo hace 29 años. Consúltale cuando estés enfermo, no lo hagas "por si acaso" o "vaya a ser que" o porque te ha dicho el vecino que debes ir al médico, utiliza tu sentido común y pon en marcha tus autocuidados, responsabilizándote de tu salud no dejando todo tu cuidado en manos del sistema sanitario.

Pienso que vamos a mejorar, no obstante mi congoja no hay quien me la quite hoy, sin embargo me quedo con un WhatsApp que me ha mandado unos de esos pacientes que han cambiado: "... ya no vas a ser mi MÉDICO pero espero que sigas siendo mi AMIGO..."


PD.: ¡Ah! y yo calladito que se incomodan y me regañan.